Cómo surgió la idea de la Lotería fotográfica 


(La pregunta más frecuente)


No empezó por una idea. Una idea no me motiva, pero sí una emocion o un deseo. Simplemente me gustaba venir a México. Desde 1985 venía tantas veces como podía. Tenia amigos mexicanos, aprendí a hablar un poco de español y acumulé una pila de fotos. Yo diría que la idea de reunir estas fotos bajo el signo de la Lotería surgió a la mitad del camino. Fue cuando comencé a seleccionar las mejores fotos y a ponerles título. Con los títulos ya parecía una lotería, nada mas faltaba recolectar más cartas. La maqueta original era una pequeña caja de fotos sueltas con sus nombres escritos a maquina.


Al principio, las imágenes llegaron a mí, sin que yo las buscara. Sin embargo, andaba fijándome en cosas y en escenas particulares de México, lo que no se encuentra en otro lugar y que identifica este mundo. Mi fascinación es buscar lo diferente en cada lugar, como una especie de investigación personal de etnografía visual. 


En el momento en el que le puse el nombre de Lotería fotográfica, todo cambió. Porque tenía que completar el juego, y eso era mas difícil. Mi meta era juntar 54 buenas fotos para tener el mismo número de cartas del juego original y que mostraran un abanico redondo y equilibrado. Ciertas figuras no podían faltar, por ejemplo El diablito. Por mas que lo buscaba, no encontraba el pobre diablo en ningún lado, hasta que, un día, vino por mí con pistola de plástico en mano. Buscaba también La sirena por todas partes, pero no tuve suerte con ella; no apareció en la forma sensacional que se merece. 


De todas formas, no iba a copiar las figuras tal cual, ¿que gracia tendría? La lotería tradicional, por mas que sea mexicana en su conjunto, no es un catálogo de cosas mexicanas, pero la Lotería fotográfica pudiera serlo. Es un doble juego: aludir a las figuras de la lotería popular, conocidas por todos los mexicanos, y también a las cosas típicas del universo mexicano;  y todo por medio de la fotografía, que es un juego de azar en sí. Cazar imágenes bajo mis reglas implica que las imágenes vienen de la realidad y nada está puesto en escena. Montar las fotos me aburre y el resultado no tiene la chispa de lo inesperado.


Con el propósito de comparar loterías, se puede dividir las figuras tradicionales en catagorias básicas: cosas, personajes, animales, frutas o plantas, instrumentos de música y algunos vehículos. Combiné cuatro aves (El gallo, El pájaro, El cotorro y La garza) en una sola: El guajolote. De cuatro instrumentos de música (El bandoneon, El violincello, El tambor, El arpa), solo uno: El violín. En vez de tres árboles (El árbol, El pino, La palma) dos: El árbol y La palma. Me divertí con otras: La pera es un foco/maceta. La luz  aparece en vez de El sol, y se representa con un par de focos frente a una iglesia. La dama toma forma de una montaña: La mujer (dormida). El tacón en vez de La bota. El melón se convierte en La calabaza con pollos. Luego La estrella es una piñata; El catrín, un señor elegante del centro histórico; El valiente, un par de luchadores, y encontré La muerte en un juego de feria. Exageré con los medios de transporte: donde hay sólo La chalupa (o El tren), puse La bicicleta, El carro, El camión y la sombra de El avión. Eliminé insectos y animales (La araña, El alacrán, El camarón, El pescado, La rana, El venado): sólo aparecen El perro (de la calle), El caballito (juguetes en el acero), El tigre (un hombre con máscara) y El torito (un juego pirotécnico). Así hubo más lugar para inventar personajes: El chavo, La niña, La beata, La virgen, El presidente, La enamorada. Y cosas: La jaula, El mar, El hielo, El pulque, El adobe, La escoba, La torre, El papalote, La tortilla, La esquina, La hora.

 

Casi todas las fotos las tomé durante diez años de viajes entre 1985 y 1994; dos fotos son de viajes anteriores. Me he enamorado varias veces de países: mi primera aventura con Polonia duró 10 años, y de ahí nació un libro, publicado en Francia. Podría decir que México fue mi segundo gran amor. Esta serie de fotografías es el resultado de mi deseo de conocer sus particularidades, a su gente y su expresión en la cultura popular. ¿Y por qué México? ¿Cómo explicar un encanto? A veces tiene algo que ver con lo que te hace falta en un cierto momento. Cuando tomé estas fotos vivía en París. París es una ciudad preciosa, por supuesto: hermosa, fina, ordenada. También es fría y gris, y su gente cerrada, criticona, gruñona, sumamente negativa, nerviosa, fatigada, aburrida y hasta perversa. ¡Y encima el clima: casi siempre está lloviznando! México fue para mí, quizás, una especie de antídoto contra mi vida parisina.


La historia de cómo mi cajita de fotos se publicó comenzó con mi encuentro con la diseñadora Azul Morris, socia de Peggy Espinosa en esa época. Ella vio mis fotos y quería hacer el libro. Me presionó mucho, yo no estaba lista, tuve que apurarme. Azul hizo el diseño y contactó a Alfonso Morales quien recolectó la lírica popular con su equipo de escritores. Alfonso también realizó la investigación histórica. Los versos de las canciones que se encontraron para cada carta tienen el sabor popular del albur. Me hubiera gustado tener las adivinanzas de un cantador de lotería genuino, pero nunca lo encontramos. Ha de ser una especie en vías de extinción. Si álguien conoce a uno, por favor avíseme… todavía lo busco.